En las últimas décadas, varias líneas de evidencia científica respaldan la implementación de este tipo de ayuno a través de los beneficios sobre la regulación metabólica de los efectos sobre el ritmo circadiano, el microbioma intestinal, pérdida de peso, diabetes mellitus, esteatosis hepáticas, enfermedad cardiovascular, entre otras patologías. Sin embargo, se requieren estudios aleatorizados para determinar si el ayuno intermitente, como un estilo de vida, es beneficioso para la salud.

Aplicaciones del ayuno intermitente

La restricción de energía junto con una intervención integral sobre el estilo de vida se considera la piedra angular del tratamiento de la obesidad; sin embargo, este enfoque produce una pérdida de peso moderada.

Nuestros ancestros humanos no consumían alimentos regularmente, ni tampoco tenían una vida sedentaria, en cambio, estaban ocupados en la adquisición de ali­mentos. Es probable que Hipócrates sea uno de los pri­meros defensores del ayuno con fines médicos, ya que recomendaba ayunar durante la enfermedad

En la actualidad, las recomendaciones para disminuir de peso incluyen consejos para comer regularmente incorporando seis comidas diarias. Aunque reciente­mente ha aumentado el interés en identificar estrategias alternativas de pérdida de peso que impliquen restrin­gir la ingesta de energía durante ciertos períodos del día o prolongar el intervalo de ayuno entre comidas. Por esto, en las últimas décadas, el ayuno ha aumentado su popularidad como método para la prevención y promo­ción de la salud.

Un artí­culo de revisión publicado en diciembre de 2019 en la revista New England Journal of Medicine, realizado por el neurocientífico de la Universidad de Johns Hopkins, Mark Mattson, concluye que el ayuno intermitente (AI) cuenta con evidencia científica y describe que esta medida podría ser parte de un estilo de vida saludable.

Fisiología del ayuno intermitente

El ayuno intermitente (AI) puede definirse como una abstinencia voluntaria de alimentos y bebidas por períodos específicos y recurrentes.

El ayuno induce la alteración coordinada de meca­nismos metabólicos y transcripcionales (Figura 1).

Luego de 12 a 36 horas de ayuno, el cuerpo humano entra en un estado fisiológico de cetosis caracterizado por niveles bajos de glucosa en sangre, disminución del depósito de glucógeno en hígado, y la producción hepática de cuerpos cetónicos (CC) derivados de la grasa, o cetonas, que sirven como fuente importante de energía para el cerebro. El hígado es el sitio primario de la cetogénesis, pero los astrocitos cerebrales tam­bién generan cetonas. Luego de varios días de iniciar el ayuno, las cetonas se convierten en la fuente de com­bustible preferida del cerebro, proporcionando hasta 70 % de sus necesidades energéticas.

Las cetonas constituyen una fuente de energía más eficiente en los músculos y posiblemente en el cerebro, mejorando la bioenergética y la actividad conectiva de las neuronas. Sin embargo, las cetonas son más que una fuente de energía para las neuronas: la cetona beta-hidroxibutirato (BHB), por ejemplo, cumple importantes funciones de señalización al inducir la transcripción de derivados del factor neurotrófico derivado del cerebro (FNDC). El FNDC es un regulador fundamental de la función neuronal que estimula la biogénesis de la mitocondria, mantiene la estructura sináptica, estimula la producción y supervivencia de nuevas neuronas y aumenta la resistencia de éstas a lesiones y enfermedades.

Además de BHB y FNDC, el ayuno induce la expresión de un regulador de mitocondrias, la proteína “Peroxisome proliferator-activated receptor γ co-activator 1 α” (PPARGC-1-alpha o PGC1α) que juega un papel importante en la modulación de genes relacionados con el metabolismo de los carbohidratos y los ácidos grasos entre otras muchas funciones (Figura 2).

Figura 2. Mecanismos metabólicos y transcripcionales inducidos por el ayuno. Abreviaturas: BHB: cetona beta-hidroxibutirato, FNDC: factor neurotrófico derivado del cerebro, PGC1α: peroxisoma activado por el proliferador receptor y coactivador 1, AMPK: proteína quinasa activada por AMP, mTOR: complejo sensible a rapamicina, IL-6: Interleuquina 6, TNF- α: Factor de necrosis tumoral α.

El ayuno suprime la inflamación reduciendo la expre­sión de citocinas proinflamatorias como la Interleuquina 6 (IL-6) y el Factor de Necrosis Tumoral α (TNF-α).

El ayuno también:

  1. Influye en los procesos de síntesis y degradación ce­lular al impedir la acción del complejo sensible a ra­pamicina (mTOR, por sus siglas en inglés) que pue­de causar la destrucción de las células cancerosas.
  2. Eleva la proteína quinasa activada por AMP (AMPK), lo que limita el consumo de nutrientes(3) y se promueve la autofagia. Una variedad de estímulos de estrés inducen autofagia, el ayuno y la restricción calórica se consideran una intervención óptima para mejorar la salud y aumentando la longevidad(6).
  3. Influye en el metabolismo de los lípidos al alterar las actividades hormonales de la leptina, la adiponectina y grelina. La leptina se asocia a un estado proinflama­torio, mientras que la adiponectina a una mayor sensi­bilidad a la insulina. La grelina puede estimular la neu­rogénesis. La leptina disminuye pero la adiponectina y grelina aumentan, alteraciones que probablemente sean beneficiosas para la bioenergética de las neuro­nas y el mantenimiento de vías neuronales.

Características del ayuno intermitente

Tres parámetros caracterizan un régimen de ayuno:

  1. La intensidad de la restricción de alimentos y bebi­das: es decir cantidad, tipo de alimentos y bebidasque pueden permitirse durante los períodos de ayu­no. La intensidad de un período de ayuno varía desde la omisión completa de comida y bebida (un ayuno “puro”) a una ingesta mínima de comidas específicas destinadas a mantener el estado metabólico.
  2. La frecuencia de los períodos de ayuno
  3. La duración de los períodos de ayuno.

El régimen de ayuno ideal depende del estilo de vida y la tolerabilidad de cada individuo.

El AI no consiste en dejar de comer, sino hacerlo en intervalos de tiempos específicos. Por ejemplo, esta­blecer intervalos de 12 horas donde se organicen las comidas y 12 horas donde se ayune, aunque algunos estudios proponen un ayuno de 16 horas y la ingesta durante 8 horas restantes.

Las dietas de ayuno más conocidas se dividen en:

  • Ayuno intermitente (AI): ayuno de 2 – 3 días por semana o también conocida como dieta 5:2 que implica restricción de energía durante dos días no consecutivos por semana y comer sin restricciones durante los otros 5 días.
  • Ayuno alterno (AA): implica días durante los cuales no se consumen calorías y días de alimentación ad libitum.

El AA fue efectivo para la pérdida de peso y salud car­diovascular en adultos con sobrepeso y peso normal.

Los indicadores de salud se hacen evidentes dentro de las 2 a 4 semanas luego del inicio del AA, evidencián­dose una reducción de las concentraciones de coleste­rol total y triacilglicerol, disminución de la frecuencia cardíaca, presión arterial y una mejor respuesta cardíaca al infarto de miocardio.

Beneficios del ayuno intermitente.

Una de las razones por las que se adopta este tipo de ali­mentación es el cambio metabólico que produce sobre:

  • Pérdida de peso
  • Mejora la regulación de la glucosa y la sensibilidad de insulina, presión arterial, frecuencia cardíaca, efi­cacia del entrenamiento de resistencia, pérdida de grasa abdominal
  • El organismo cambia el uso de glucosa como fuente de combustible por ácidos grasos y cuerpos cetó­nicos aumentando la resistencia ante el estrés oxi­dativo y reduciendo los marcadores de inflamación sistémica asociados a la aterosclerosis.

 

Aplicaciones del ayuno intermitente.

Consideraciones y limitaciones

DIABETES MELLITUS

Dos estudios mostraron que el AI (4:3) ayuno de 24 horas, 3 veces por semana revirtió la resistencia a la insulina en pacientes con prediabetes o diabetes tipo 2, reducir los niveles de hemoglina glicosilada, el estrés oxidativo y el apetito.

SOBREPESO Y OBESIDAD

Recientemente se publicaron dos revisiones en pacientes adultos con sobrepeso u obesidad y encontraron que el AI es tan eficaz para perder peso como las dietas estándar.

Varady et al. observaron que el AA fue efectivo para la pérdida de peso y salud cardiovascular en adultos con sobrepeso y peso normal. Concluyeron que una restric­ción de calorías diaria versus una restricción intermitente (24 horas ad libitum alternada con 24 horas de restric­ción de alimentos completa o parcial) son igualmente efectivas para disminuir de peso y la masa grasa.

TRASTORNOS NEURODEGENERATIVOS

El excesivo aporte de energía a través de la ingesta de ali­mentos, particularmente en la mediana edad, aumenta los riesgos de accidente cerebrovascular, enfermedad de Alzheimer y enfermedad de Parkinson.

El ayuno induce la alteración coordinada de muchos mecanismos metabólicos y transcripcionales, que puede influir en las neuronas. Colectivamente, estas alteraciones producen una alteración del estado meta­bólico que optimiza la bioenergética de las neuronas, la plasticidad y la resistencia al estrés, manteniendo o mejorando el rendimiento cognitivo.

En ausencia de estudios específicos sobre este tema, muchas preguntas permanecen sobre la mejor forma de adaptar el tratamiento de la enfermedad de Parkinson durante el ayuno de Ramadán y el efecto de ese período en el control de la enfermedad a corto y largo plazo.

En el accidente cerebrovascular el ayuno reduce los niveles de factores proinflamatorios como la proteína C reactiva, IL-6 y homocisteína que pueden inhibir la formación de placas ateroscleróticas.

Hay poca evidencia que apoya el ayuno para el con­trol de las convulsiones en modelos de animales en la epilepsia. Algunos estudios en niños encontraron mejora en el control de las convulsiones más allá de una dieta cetogénica, y en ayunas. Sin embargo, el número limitado de estudios, tamaño de la muestra, resultó en evidencia deficiente y de mala calidad. En todos los estudios se encontraron efectos adversos como tras­tornos gastrointestinales relacionados a corto plazo, a complicaciones cardiovasculares a más largo plazo.

ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

El AI mejora múltiples indicadores de la salud cardio­vascular tanto en animales como en humanos, inclu­yendo: presión sanguínea, la frecuencia cardíaca en reposo, colesterol, los niveles de lipoproteínas de alta y baja densidad (HDL-LDL) glucosa, insulina, resisten­cia a la insulina y triglicéridos.

El AI reduce los marcadores de inflamación sisté­mica y estrés oxidativo asociados a la aterosclerosis.

Por otro lado, en un reciente estudio transversal con una muestra importante (n = 4.052), reportó que los individuos que no desayunaron tuvieron mayor riesgo de aterosclerosis en comparación con aquellos que ingirieron altas calorías en el desayuno (> 20 % calorías diarias). A pesar de esto, en los individuos que no desayunaron en comparación con el grupo de ingesta calórica elevada, se evidenciaron parámetros desfavora­bles: mayor porcentaje de obesidad central, peso corpo­ral, índice de masa corporal, circunferencia de cintura, dislipidemia y glucemia. Los pacientes eran mayores, con un elevado porcentaje de mujeres y fumadoras, que habían ingerido una alimentación con un mayor aporte de calorías por día, proteínas animales, grasas totales, colesterol, alimentos procesados, bebidas alcohólicas y por otro lado, consumieron menos aporte de fibra dieté­tica, vegetales y granos enteros. Se necesitan ensayos con un mayor tamaño de pacientes para evaluar los efectos del AI principalmente en pacientes con dislipidemia. Es apresurado mencionar que la privación del desayuno conduce a eventos cardiovasculares.

CONCLUSIÓN Y CONSIDERACIONES PARA LA PRÁCTICA CLÍNICA

A pesar de la evidencia científica de los beneficios del AI, para la aplicabilidad de este tipo de intervención dietética, se deberán tomar en cuenta las siguientes consideraciones:

  1. Una dieta con 6 comidas está muy arraigada en nues­tra cultura y un cambio en ese patrón de alimenta­ción rara vez será contemplado por pacientes o pro­fesionales.
  2. Los estudios en roedores apoyan la hipótesis de que el AI y la restricción de alimentos durante la noche, permite mejorar los perfiles metabólicos y reducir los riesgos de obesidad, enfermedades crónicas, dia­betes y cáncer.
  3. Realizar este tipo de ayuno genera hambre, irrita­bilidad y una capacidad reducida para concentrarse durante los períodos de restricción de alimentos. Sin embargo, los efectos secundarios iniciales general­mente desaparecen dentro de un mes, pero los pa­cientes deben ser alertados de este hecho. En otros casos puede indicarse ayuno en períodos cortos e ir aumentando poco a poco el tiempo con el objetivo de que se adapte a esta práctica.
  4. Los planes de alimentación de ayuno parecen pro­mover la pérdida de peso y pueden mejorar el meta­bolismo. Sin embargo, se necesita más investigación clínica para evaluar este tipo de restricción energéti­ca, ayuno óptimo, tamaño muestral, número de días de ayuno por semana, grado de restricción energéti­ca necesaria en los días de ayuno y de ser así, si po­dría facilitar la mejoría metabólica a largo plazo.
  5. Se debe garantizar que se satisfagan las necesidades nutricionales del paciente y proporcionar asesora­miento y educación alimentaria para evitar deficien­cias nutricionales.
  6. No está indicado este tipo de alimentación a per­sonas que padecen o han padecido trastornos de la conducta alimentaria, tendencia al estrés y ansiedad.

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